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por Almagro

«Ya nos hemos despedido, y sin embargo todavía no nos vamos; ya nos hemos despedido y separado, y sin embargo está ese tiempo que se estanca y dura, y que pertenece a la despedida también.»

Un viaje de ida. Una semana en un pueblo argentino. Un viaje de vuelta. Nada más. La separación no requiere de grandes acontecimientos para indagar en lo más profundo de las relaciones, de la intimidad y de la vida interior de sus personajes.

Fernando se despide de su pareja. Parece que su relación pasa por un momento de incertidumbre. Parte de la estación de Retiro, en Buenos Aires, con destino a La Paz, una pequeña localidad de la provincia de Córdoba. Allí vive su hermano, a quien va a visitar con motivo de la reciente y devastadora separación sentimental de este. Durante el viaje en autobús se suceden las paradas, alguna que otra conversación, la lluvia, el silencio.

Ya en La Paz los hermanos se encuentran, charlan, intentan explicarse qué ha sucedido. Fernando contacta con la expareja de su hermano y se abre entonces la posibilidad de una reconciliación. Después, llega la hora de volver: otro autobús, otros pasajeros, varios incidentes —un incendio, un control policial, una mujer atrapada en el baño— y la esperanza de que, al llegar a la estación de destino, haya alguien allí para recibirle.

Con un original juego de voces, esta novela pone el foco en los detalles aparentemente insignificantes que nos rodean. Kohan observa, describe, nunca exagera. Sabe que es en los matices, en los espacios vacíos, donde realmente se esconde todo, y aquí nos regala una brillante muestra de una literatura que logra decirnos mucho con muy poco.

En La separación, Kohan lleva un paso más allá su escritura depurada y precisa, y vuelve a demostrar por qué es uno de los narradores más sólidos y personales de la literatura argentina contemporánea.